Se escuchan las ramas de los árboles romper y su respiración acelerada, ella corre mientras voy a buscarla. Querida, conozco este lugar mejor que tu a ti misma, conozco cada paso que vas a dar antes de que pienses en darlo, conozco y sé, que cuando te atrape quedarás inmóvil. Muerta, antes de que pueda yo alcanzar ese placer de hacerlo. El miedo se apodera de tu cuerpo y terminas en el suelo, temblando y suplicándome que no te haga daño. Pero tu misma te lo has buscado. Interrumpiste mi sueño y quisiste jugar. Sabes que solo hay una ganadora, y me temo querida, que hoy te ha tocado perder.
En ese mismo instante alcé mis manos sobre su cuello, estrangulándola lentamente, interrumpiendo el acto varias veces para darle esperanzas de sobrevivir, hasta que por fin, se rinde y deja de luchar contra mi. Deja de luchar contra ella misma y sus ansias de vivir.
La poso en el suelo con cuidado, y me alejo del lugar. Ahora nadie se sentirá cómplice de aquellas miradas, nadie la llamará en la noche esperando escuchar su tierna voz antes de acostarse. Tampoco sentirán el placer de que le dedique una de sus sonrisas.
Así, los pensamientos se evaporizaban cuanto más me alejaba. Había fingido todo cuando estaba con ella, la había visto en su totalidad, la llegué a conocer mejor que ella misma y así, conseguí que se paralizara cuando quise acabar con esto. Planeado desde el principio quise lastimarla, supe quien era y con eso bastaba. Manipulada hasta el momento de su muerte. Ella creyó estar jugando conmigo y yo la dejé creer que lo hacía.
