sábado, 28 de junio de 2014

Magia pasional

Una voz suave, un poco muda, me susurraba al oído. Tendía a cerrar los ojos cuando lo hacia para sentirla dentro de mi mente, penetrando fuerte aquellas palabras dóciles que salían de esa boca tan tierna. Tan tierna, como su mirada. Pequeña y tímida. Ella, con su habla, desnudaba mi pensamiento. Me sonreía y sentía la necesidad de acercarme cada tres segundos.
Me mordía las ganas de confesar mi sentimiento, de compartir algún sueño imposible, y que sea nuestro. Nuestro, el momento. Nuestro, el recuerdo. Nuestro... este amor intenso.
Y las palabras desaparecían entre alientos, solo quedaba el roce de nuestro labios, delicado y lento. La pasión no dejaba consumirse, y mientras tanto, nuestras manos se entrelazaban como una intensa caricia. Una luz tenue y débil me permitía ver su figura, esa silueta que me recuerda siempre a las más bellas artes.
Un delirio desmesurado se apoderó de mi, e inevitablemente me tendí sobre su cuerpo. Y poco a poco, el deseo también se adueñó de ella. El tiempo dejó de existir. La realidad y el resto del mundo se fugaron. [...]

Aquella noche, el roce de sus labios fue la mayor magia de la que fui victima. Inimaginable, como aquel sueño que parecía imposible.

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