Era una noche de verano, pero no
una noche cualquiera. Era de esas en las que ella se escapaba de casa en la
madrugada para tumbarse en el prado a la luz de las estrellas. Era de esas
noches en las que trataba de que su mente y cuerpo se relajaran y tomaran
consciencia de la realidad. Pero, ¿Qué realidad exactamente? ¿Cuál era la
realidad que la rodeaba? A veces era difícil ser objetivo y no dejarse llevar
por los sentimientos o los deseos.
Hacía una noche perfecta. Había un
intenso olor a césped recién cortado, las estrellas brillaban, los grillos cantaban y se escuchaba a lo lejos ladrido de los perros y el ruido de los coches de cuando en vez. Sentía como si no estuviese en este mundo. Y
es que en ocasiones, la mente humana puede llegar a ser tan compleja como para
sentir que no perteneces a una sociedad, a un mundo lleno de egoísmo, placeres
carnales y beneficios propios. Ella tan sólo procuraba darle sentido a su vida.
Encontrarse a ella misma y conocerse en la penumbra de aquel campo. Procuraba
entender porqué ha vivido de esa manera su vida y qué es lo que le esperaba en
un futuro. Había cambiado tanto en aquellos años que apenas sabía quién era.
Quería dejar de ser la niña a la que cualquiera podría engañarla con un poco de
astucia para convertirse en una mujer que fuera siempre con un paso por delante
en cualquier situación, que supiera comportarse debidamente sin importar qué o
quién se interpusiera en su camino. Había tantas cosas en las que
quería pensar que no le ponía orden en su cabeza. Su familia, sus amigos, su
situación sentimental, su futuro... Todos aquellos pensamientos rondaban por su
cabeza intermitentemente . Buscaba una
solución a su vida, o quizás un porqué a todas aquellas preguntas que se
formulaba en la soledad de la noche. Aunque la soledad no era un problema para
ella. Le gustaba estar sola más de lo que a la gente se acostumbra a estar.
Buscaba tiempo para ella y sus pensamientos en cualquier rincón de la ciudad. Bueno,
más que pensar diría en fantasear. Adoraba fantasear con todo tipo de
situaciones: "cómo sería su vida si..."
Analizaba el comportamiento de las
personas que le rodeaba como si realmente entendiese de esos aspectos. Trataba
de conocer el porqué cada persona era como era y no de otra forma. Porqué uno
es mentiroso, o tímido, o mujeriego. Porqué hay personas que se inventan su
propia vida para parecer más interesante o porqué la gente llega a hacer cosas
que uno no se habría ni imaginado. Pero todo esto va más allá que una simple
respuesta. Y es que para entenderlo, necesitaría vivir la totalidad de su vida.
Porque no vale conocer "todos" los aspectos de la vida de alguien
para lograr entender su comportamiento. Siempre existen pequeñas mentiras o
secretos que se ocultan porque no acabas de aceptar quien eres. Porque sabes
que si el resto del mundo las conociera, te mirarían con otros ojos. Y lo último
que necesitas es que te traten diferente.<< A veces tan solo buscamos
sentirnos uno más.>> Pero ella no quería sentir esa necesidad. Quería
encontrar la forma de ser ella misma sin sentir la necesidad de la compañía de
alguien, o de pertenecer a un grupo.
Su pensar se divagaba como las
ramas de un árbol, un árbol que todavía no consiguió florecer porque, ¿quién
conoce la razón por la que cada uno de nosotros estamos donde estamos aquí hoy?
¿Es el azar, el destino o quizás algo mucho más complejo que el razonamiento
humano no consiguió averiguar todavía?
Ella reconoció que no era el
momento para encontrar una respuesta a la inmensidad de sus preguntas y que,
quizás, sólo quizás, el tiempo se las daría. Así que se recostó sobre el césped
fresco y frío, apuntó su mirada a aquellas brillantes estrellas y respiró
profundamente. Poco a poco, los músculos de su cuerpo comenzaron a relajarse,
su piel se erizaba por el frescor de aquella noche y el latido de su corazón
bombeaba en calma después de mucho tiempo. Y, de repente, apareció la luna de
entre las nubes. Grande y llena. Bonita, brillante y sola... como ella.

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