sábado, 15 de septiembre de 2012

Sencillo.



Me encanta que me cojan de la mano, sentir la respiración sobre mi cuello, que suba poco a poco hasta llegar a mi oído y que me digan en un susurro cualquier cosa con tal de sentir ese hormigueo, esa sensación que recorre todo mi cuerpo al tiempo y a la intensidad de un relámpago. Me gusta sentir el frío y poder observar como los pelos de mis brazos se levantan, como el viento me envuelve y mi cabello baila. Me gusta lo ácido y picante, las nuevas sensaciones, perderme y volver a encontrarme. Me encanta dormirme notando la manta del calor del sol, escuchar música mientras voy por la calle o notar como la gente me mira sin disimulo. Me gusta pensar que soy diferente y buena aunque me exciten las maldades, y a la vez que me río maliciosamente pensando en hacerlas. Me encanta que la gente me sonría, los peluches y la cama. Una de las cosas que más me gusta pese a lo que piense la gente de que es una ilusión y verdaderamente no exista, es el amor, porque aunque los números y la lógica siempre llevan a la razón: ¿que es la lógica? ¿Quién decide la razón? Han buscado a través de lo físico, metafísico y delirante sin encontrar nada. Porque solo en las más misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica.






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