sábado, 15 de septiembre de 2012

Un luego sin un mañana.

Después de todo lo que haces por sobrevivir y no hundirte pensando que tienes que ser fuerte y no puedes parar ahora porque el corazón no te lo permite. Después de fingir sonrisas para evitar llantos y amanecer sudando y asustada callándote los momentos más aterradores de tu vida. Después de sufrir lo que nunca deberías haber sufrido... Te levantas, con pasos lentos. Vas poco a poco y mirando al suelo porque no quieres tropezar de nuevo y hacerte daño, quizás no caíste por un descuido sino que alguien te puso la zancadilla para que te derrumbaras. Pero en el fondo sabes que puedes con eso y más. Que no importa quien quiera derrumbarte y cuantas noches pases sin dormir por culpa de eso. No, no importa. Porque tener muchas desgracias a veces trae algo bueno, y a tu lado tienes a tu madre y hermanos que te apoyan y ayudan a levantarte. Que si esas noches de pesadillas se apoderan de ti, dejan que duermas con ellas una noche más como cuando eras pequeña. Que te besan y te abrazan porque te quieren, sientes su apoyo como el de nadie. Pero sin tener porqué también tienes el apoyo de alguien que te quiere. Alguien importante para ti. Aún no te has levantado del suelo y ya te ofrece una mano donde apoyarse al levantarse y un hombro donde llorar. Te regala sonrisas y tranquilidad. Pero toda la tranquilidad del mundo se van cuando él se va. Lo quieras o no, sucede. Después de esto te consuelas con verlo otro día. Pero llega una mañana o una noche en el que puede que él también cambie y se vuelva como el que te puso la zancadilla. Quizás no se de cuenta del daño que te causa eso. Crees que no sería capaz de hacer algo que te hiciese daño, pero igual ya lo ha hecho, igual lo intentó... Confías en él y sigues adelante, hasta que te den mil señales más de que algo no va bien, de que en realidad no le importas como dice. Y no te darás cuenta hasta que un día lo veas con tus propios ojos, entonces la caída te dolerá mucho más. Abrirá una herida difícil de curar. Y seguir adelante ya no será una obligación, será una opción porque a partir de ese instante todo cambia, hasta tu forma de pensar. Entonces acabarás exhausta y sin aliento, queriendo decir basta pero las palabras se las lleva el viento.
Sabiendo todo eso y más, te arriesgas. Te levantas de su mano, llamándole a cada pesadilla que tienes para que te consuele y te dé esa paz que puede que algún día se acabe.

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