domingo, 14 de octubre de 2012

La muerte.

Luces martillantes destrozan tus pensamientos, los flashes dilatan tus pupilas mientras se escucha una sinfónica melodía de violín. Buscas con tacto, te preguntas de dónde vendrá ese sonido que se hace semejante al silencio en un grito. 
En la habitación en la que te encuentras aparece un pájaro negro posado en la ventana, contemplando el significado de cada gota de agua derramada por esos ojos, sin llegar a entender realmente nada. La melodía se pasea al lado tuyo como si supiera qué estás sintiendo en ese momento, reflejándolo de alguna forma para ver como a cada instante tu pelo se vuelve negro, tu piel vieja y mullida, tus parpados cansados hasta que te recuestas para dejar tu último aliento sobre la cama. La muerte ha llegado, y tu has estado muerta todo este tiempo, no importa que estuvieras respirando y comiendo, eso no hace que estés vivo. Y lamentas que la muerte llega sin avisar, que el tiempo pasa muy rápido y no tuviste oportunidad de aprovecharlo. Un familiar te encuentra posado en la cama dónde te desvaneciste, corre a llamar a una ambulancia y mientras esta se acerca tu corazón se para. Deja de latir. Para siempre. Familiares y amigos lloran y contemplan tu cuerpo trajeado a través de un cristal, dentro de una caja fea y marrón. Lloran a moco tendido, se preguntan porqué? La muerte ha llegado y tu no puedes hacer nada al respeto, solo vive y deja vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario