En cada silencio se esconde un secreto. Todos tenemos secretos, unos más simples que otros, más importantes o menos llevaderos. Hay de los que te interrumpen los sueños, de los que ocultas a toda costa, de los que no te atreviste a decir o de los que no pudiste callar.
Luego, están las promesas. Promesas que nunca lo han sido porque se han desintegrado, la palabra ya no es lo que era. Promesas que te hacen sabiendo que jamás ocurrirá, promesas que ni se intentan cumplir, que fracasan, que se olvidan...
También están las mentiras. Las hay ingeniosas, piadosas, retorcidas... Las que no creemos y las que somos tan idiotas para creer. Las que se descubren, las que se entierran, las que se ignoran...Mentiras que no dejan de serlo. Quedan en la mente de uno, y solo las más poderosas quedan ancladas al corazón porque han tocado tu fibra sensible, esa parte que intentas ocultar, ese secreto que prometiste no contar. Te mentiste al creer que no dirías a nadie tus secretos más profundos. Y confías en que esa persona te guardará el secreto, y quizás lo haga, pero te lo recordará siempre que tenga oportunidad, no importa que tu lo quieras olvidar, como otras tantas cosas, no. Esa persona se encargará de recordártelo cuando ya te hayas olvidado, y te lamentarás por haberlo contado, pero será tarde. Y ahora ya no solo tendrás que cargar con tu conciencia que lleva esos secretos, sino esa persona que se encarga de repetirlo una y otra vez.
Entonces, nos ponemos a pensar y nos damos cuenta de que un año tiene 31 millones 530 mil segundos. 1 segundo: 1000 milisegundos: 1 millón de microsegundos: 1000 millones de nanosegundos. La única constante que conecta los nanosegundos con los años, es el cambio. Pero todos tratamos de luchar contra dichos cambios porque no nos gustan, nos asustan. Por eso se ha creado la ilusión, donde se puede creer en un mundo en reposo. El mundo de "ahora mismo". Pero nuestra gran paradoja sigue siendo la misma, en el momento que cogemos el "ahora", el "ahora" ya se ha ido. Nos aferramos a las fotos, pero la vida está aferrada a fotos en movimiento. Cada nanosegundo es diferente al anterior. El tiempo nos obliga a perder, a adaptarnos, porque cada vez que parpadeamos, el mundo cambia bajo nuestros pies. Y por eso, podemos cambiar el mundo. Dejar de mentir y prometer, comenzar algo nuevo. Algo verdadero. Algo, que no nos desvele de un sueño. Algo que nadie pueda romper, dañar, que sea sólido y perdure.
El cambio no es fácil, con frecuencia es angustioso y difícil, pero quizás eso sea bueno porque el cambio nos hace fuertes y resistentes y nos enseña a evolucionar.

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