domingo, 23 de septiembre de 2012

Amanece conmigo.

Entre la luna y sus pies,
entre la maleza del bosque y lo más profundo del mar
se encontraban dos ojos lúcidos ante una mirada perdida.
Contemplaban en la cima, en lo más alto de la montaña
cómo el sol se alejaba a cada segundo de su lado
para aparecer de nuevo y quedarse hasta el anochecer,
una rutina como cualquier ciudadano sin vida.

Muchos dicen tenerla, y muchos creen vivirla
pero seguro que no tiene semejanza alguna
comparado con la verdadera.
Ese modo de vivir, subconsciente de lo real,
sin llegar a conocer lo que le rodea.

Reencontrando mismos momentos con distintas sensaciones causantes.
Todo lo que puedes hacer ante tal osadía es tratar al mundo
de tal manera que llegues a notar como el mundo te trata a ti.
Como cada cachito de ciudad, cada esquina,
cada esencia se esfuman en la cima de una alta montaña,
escondido entre la luz de las estrellas,
el brillo reflejado en cada gota de agua de cualquier charco
y el marrón de cada cm de todas las hojas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario